Por: Osho, tomado del libro «Buda: 53 sutras y cartas de meditación para el silencio y la paz interior»

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Un sutra es una afirmación esencial sin ninguna elaboración, sin ninguna explicación, sin ninguna decoración; simplemente la esencia escueta y desnuda.  En la Antigüedad era necesario, porque la gente tenía que recordar estos sutras. De ahí que tuvieran que ser muy condensados, telegráficos, para que pudieran ser recordados durante siglos, porque pasaban de una generación a otra como parte de la memoria de las personas. Los libros no existían, la imprenta aún no había nacido. La gente tenía que recordar y, por lo tanto, se las ingeniaron con el sutra. Un sutra significa una máxima, exactamente el núcleo más esencial. Pues si puedes recordarlo, siempre puedes decifrarlo.

Y eso es lo que estoy haciendo yo aquí: decifrando estos sutras para ti.

En Oriente, todas las grandes escrituras están redactadas en sutras. Sutra quiere decir el enunciado más condensado, tan fino como un hilo; literalmente la palabra sutra significa hilo.  Todo lo no esencial se ha eliminado; solamente se ha salvado lo más esencial.  Es la manera más telegráfica de expresar las cosas. Por eso en Oriente existen grandes comentarios. En Occidente no existen los comentarios en absoluto, porque en Occidente no se ha escrito ningún sutra. Un sutra requiere un comentario.

En Occidente, el propio fenómeno de los comentarios no se ha dado. Nadie comenta sobre Kant, sobre Hegel, sobre Sócrates, sobre la Biblia. Este fenómeno de los comentarios es absolutamente oriental. Y se debe a que los grandes filósofos de Occidente empezaron a existir cuando ya disponían de la escritura, cuando ya no era una cuestión de memorizar, se podía escribir un tratado.

Y cuando los filósofos como Kant, Heguel o Feuerbach escriben, lo hacen con todas sus posibles implicaciones, complejidades y significados. También escriben teniendo en cuenta si alguien va a contradecirlos, cuáles pueden ser sus criterios. Además, tienen en cuenta los posibles argumentos del filósofo contrario y le dan ya la respuesta; aunque nadie se haya opuesto, nadie haya entendido siquiera sobre qué están escribiendo. Así pues, sus escritos son de alguna manera muy completos, plenos y totales. No han dejado nada que poder añadir.

En Oriente, los comentarios comenzaron por una determinada razón historica. Tiene una antigüedad de al menos diez mil años;esta es una visión muy;ortodoxa de la historia del desarrollo filosófico en Oriente.Hay personas que piensan que su antigüedad es mayor que diez mil años.Y puesto que no había escritura-aun no se habia inventado-,cada maestro tenia que hablar con pequeñas máximas,no tratados elaborados,sino con pequeñas surtras. La palabra sutra significa «el hilo». Te están dando lo mínimo para recordar, pues acordarse de una gran magnitud de un extenso tratado filosófico no seria posible. Y existe el peligro de olvidar algo o de añadirlo por cuenta propia. Así pues, el camino de las sutras era la única posibilidad, escribir de una forma tan condensada que todos los discípulos de cualquier maestro pudieras recordar las pequeñas máximas, semejantes a semillas.

Pero solo son semillas. Indican el camino, señalan una determinada dirección.  Salvo que tu corazón se convierta en tierra para esas semillas, no echarán brotes de hojas, de ramas, flores o frutos.  Esas semillas contienen todo lo que va a ocurrir, tienen incorporado el programa completo. Si dejas que esa semilla se introduzca dentro de tu ser, según vaya sumergiéndose más y más profundamente, te darás cuenta de todo lo que contiene.  Se transformará en una realidad dentro de ti.

Pero puesto que los individuos son diferentes, ya que son únicos, el corazón de cada individuo no tiene la misma tierra, no es el mismo territorio, no es el mismo terreno. La semilla tendrá que crecer según el terreno. Puede que el corazón de alguien sea muy fértil, creativo.  El árbol puede que se haga muy grande, puede que con un follaje muy verde y cuando la primavera llegue habrá miles de flores y frutos.

No obstante, puede que el corazón de algunos sea muy duro. La semilla es la misma, pero la tierra no va a ser productiva. La semilla tiene que crecer contra todas las desigualdades, contra todos los impedimentos.  Ese corazón no va a ayudar, sino que, por el contrario, obstaculizará. No es más que una semilla que ha caído sobre una tierra repleta de piedras.  Puede crecer, pero no será lo mismo que si hubiera caído en un corazón fértil, creativo.  Puede que no alcance la misma altura, incluso que sea algo deforme, que no tenga mucho follaje, que llegue a dar solo algunas flores.

Pero la unicidad es tal … que la semilla de un poeta puede convertirse en poesía, la de un músico puede llegar a ser música, la de un escultor extraer la belleza de una piedra.  Dependerá en qué tipo de corazón haya caído la semilla.  Y existen muchas otras implicaciones.

Es posible que un corazón sea muy fértil y pueda dar miles de flores. Y otro corazón puede no ser tan fértil y, en lugar de miles de flores, dar solamente una, muy grande, enorme.  De ninguna manera esas miles de flores competirán con esta única flor.  En número pueden ser muchas, pero la belleza de esta única flor ha acumulado casi todo el esplendor de miles de flores.

Durante muchos años, mientras estuve enseñando en la universidad, tuve un jardinero.  Gozaba de un jardín precioso.  Por alguna razón determinada elegí a este anciano; era el jardinero de otra persona, el jardinero de un oficial de la Armada.  Cada año ganaba la competición de cultivar las rosas más grandes.  Yo solía ir a verlo porque toda la ciudad tomaba parte en ella.

Toda la gente adinerada -oficiales, burócratas, profesores, doctores, todos aquellos que podían permitirse tener un jardín- participaba. Pero yo no estaba interesado en las personas que participaban. Estaba interesado en descubrir quién era el jardinero, porque al pobre jardinero, ni siquiera lo mencionaban cuando le era entregado el trofeo al ganador. Se lo daban a propietario del jardín. Yo buscaba al jardinero porque ese oficial de la armada no podía serlo; el pobre jardinero ni tan siquiera se encontraba allí.

Seguí el coche del oficial. Miré alrededor de su casa, observé y descubrí dónde trabajaba el jardinero.  Cuando entró el oficial de la Armada ni siguiera le comentó al jardinero: «he ganado el trofeo gracias a ti. De hecho, te pertenece a tí». Simplemente entró en el garaje y después en la casa.

Entré en el jardín. El anciano, el pobre hombre, estaba trabajando. Le pregunté: «¿Has oído que tus rosas han sido elegidas como las mejores de este año?».

«Nadie me lo ha dicho aún», contestó.

«¿Cuánto te paga este oficial de la armada?», le pregunté.

«No mucho», reconoció.

«Sea cuanto fuere, yo te daré el doble. Más tarde puedes decirme cuánto te paga. Solo tienes que meter tus cosas en mi coche y venir conmigo», le dije.

Entonces vi cómo ganaba … Todo su arte consistía en no dejar que rosal alguno diera nunca más de una flor.  Cortaba todos los brotes y solamente dejaba el mayor.

«¿Cuál es el secreto?», le pregunté.

«El secreto es simple» -contestó-. «El rosal tiene una determinada cantidad de savia.  Puede distribuirse en cientos de flores, pero si no dejas que se reparta, está obligado a mantenerse en una flor».

Permanecí nueve años en esa ciudad. Durante los nueve años este jardinero fue continuamente el ganador. Y su secreto era dejar crecer únicamente una flor.  Por lo tanto, es posible … Esta es la unicidad a la que me refiero: que las mismas semillas en distintos corazones originarán manifestaciones diferentes.

Y así es como empezaron los comentarios.  El maestro muere, tiene miles de discípulos que lo han escuchado; ahora empiezan a pensar: ¿Cuál es el significado de cierta afirmación o de determinada palabra? En Oriente ha sido un asunto muy delicado.  No de una lógica brutal, sino un arte muy sutil, muy femenino.