Para no perturbar tu sosiego,
no rechaces los que te dan,
ni tiendas la mano para tomar lo que dan a otros.

Cuando algo te suceda en meditación, abre el corazón.  Aunque tengas miedo a lo desconocido, entra en ello.  Y entra bailando, gozosamente, porque en la meditación nada malo puede sucederte.

Y recuerda, lo que te esté sucediendo es tuyo, y lo que no te suceda a ti es porque aún no está maduro para ello. No puede ocurrir antes de tiempo, por lo tanto, no lo anheles.  Espera.  Ten toda la paciencia que puedas.  Recibe lo que te llegue y no anheles lo que no está en tu camino; ya llegará.

 

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