Los sabios no dañan a nadie,
son maestros de sus cuerpos
y se dirigen al país sin límites.
van más allá de la pena.

Según vayas transformándote en un testigo, según vayas siendo consciente, sencillamente llegarás a saber que tú no eres el cuerpo, ni la mente, ni siquiera el corazón.  Únicamente eres un observador, distinto de todo lo que te rodea.  El cuerpo es el límite más externo, la mente está un poco más adentro, el corazón aún más en el interior, pero en tu más profunda esencia solamente eres consciencia.

Conociéndolo, te desapegas de tu propio cuerpo, de tu mente y de tu corazón.  Ese desprendimiento te aporta dominio.  No quiero decir que seas destructivo con tu cuerpo; cuídalo, porque es un instrumento maravilloso, un gran regalo de la existencia, sin embargo, ahora sabes que solo es la casa en la que vives.  Igual que cuidas tu casa, cuida tu cuerpo; es el templo.

 

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