Aquel que desea despertar realiza sus deseos gozosamente.

La persona inteligente vive cualquier situación en la que se encuentre, alegremente, gozosamente.  Con cualquier cosa que tenga vive alegremente, agradecidamente, con gratitud.  Su alegría no depende de nada, de ninguna causa externa.  Su alegría es su comprensión interior; su comprensión de que uno nunca alcanza la alegría desde el exterior;  que los deseos solamente traen lágrimas, y viendo que esta es su naturaleza, el deseo desaparece.  Y vivir sin deseos es vivir gozosamente, es vivir sin anhelar nada más.  Entonces, cualquier cosa que sea, es más que suficiente.

Recuerda esto.  O bien vives en el deseo, o vives en la gratitud.  La persona que vive en el deseo no puede tener gratitud, lo único que hace es quejarse; siempre tendrá algún resentimiento contra la existencia.  Pero la persona que no tiene deseos solo tiene gratitud.  Incluso lo que recibe es más de lo que jamás mereció.

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