[9] INTACTO, DESAPEGADO …

Felicidad o tristeza; cualquiera que te acontezca, sigue tu camino intacto, desapegado.

Si llega la felicidad, no te excites demasiado; si llega la tristeza, no te deprimas.  Tómate las cosas con tranquilidad.  La felicidad y la tristeza están separadas de ti; permanece sin identificarte … . Como si no te estuviera ocurriendo a ti, sino a otro cualquiera. Justamente intenta este pequeño ingenio, es una receta muy valiosa: como si no te estuviera sucediendo a ti, sino a otro cualquiera; tal vez a un personaje de novela o de cine, y tú simplemente eres un espectador.  Si, la infelicidad está allí, la felicidad está allí, pero está allí y tu estás aquí.

No te identifiques; no digas. «Soy infeliz»; di: «Soy sencillamente el observador. La infelicidad está allí, la felicidad está allí, yo simplemente soy un observador». Afiánzate más y más en la observación; eso es lo que Buda llama vipassana, visión interior. Mira con los ojos interiores lo que esté ocurriendo y permanece intacto, desapegado.

2 comentarios sobre “[9] INTACTO, DESAPEGADO …”

  1. Sería un hecho muy importante si en el futuro algún día empezáramos a cambiar los patrones de nuestros idiomas, pues están muy arraigados en la ignorancia. Cuando sientes hambre, inmediatamente dices: «Estoy hambriento», lo que crea una identificación y te da la sensación de ser tú el hambre. No lo eres. El lenguaje debería ser de tal manera que no diera esta noción equivocada -estoy hambriento. Lo que realmente ocurre es que estás observando que el cuerpo tiene hambre; estás observando el hecho de que el estómago está vacío, que desea alimento -pero no eres tú. Tú eres el observador. Siempre eres el observador, nunca eres el que hace. Siempre permaneces como un observador distante.

    Afiánzate más en la observación -Buda lo llama vipassana, visión interior. Mira con los ojos interiores lo que esté ocurriendo y permanece intacto, desapegado.

    Un rudo y antiguo luchador indio volvió tambaleándose al campamento con siete flechas que le atravesaban el pecho y las piernas.

    El doctor lo examinó y observó: «Un aguante asombroso. ¿No le duelen?

    El veterano gruñó: «Solo cuando me río».

    De hecho, no deberían dolerle ni siquiera entonces, y no le duelen a un Buda. No es que un Buda no sienta dolor si, lo atraviesas con una flecha, el dolor existe. Incluso puede que lo sienta más que tú, porque la sensibilidad de un Buda es óptima; tú estás insensible, apagado, medio muerto. Los científicos dicen que solamente dejas que un dos por ciento de la información llegue a ti; el noventa y ocho por ciento se mantiene fuera de ti, tus sentidos no permiten que se introduzca. Solo te llega el dos por ciento del mundo; el noventa y ocho por ciento queda excluido. Para un Buda el cien por cien del mundo está disponible, por lo tanto, cuando una flecha atraviesa a un Buda, lo hiere al cien por cien. A ti solo te hiere un dos por ciento.

    Pero existe una gran diferencia: un Buda es un observador. Le duele, pero no le hiere a él. Lo observa como si le estuviera sucediendo a otra persona. Siente compasión hacia el cuerpo -siente compasión, tiene compasión hacia su cuerpo-, pero sabe que él no es el cuerpo.

    Lo cuida minuciosamente porque espeta el cuerpo. Es un magnífico sirviente, una buena casa donde vivir -lo cuida, pero permanece distanciado.

    Aun cuando el cuerpo se esté muriendo, el Buda sigue observándolo. Mantiene su observación hasta el último momento. El Buda muere y sigue observando su cuerpo muerto. Si alguien puede observar hasta tal extremo, ha ido más allá de la muerte.

  2. El verdadero sabio sabe que la felicidad no está en el llegar sino en el camino. No es la estación el destino, es el caminar disfrutando. No es el lograr, es el hacer. El camino está lleno de alegrías y tristezas, pero el verdadero sabio lo sabe y las disfruta una a una, porque cada una le enseña algo. Que ninguna piedra, que ningún apego se transforme en barrera a tu disfrute. Tú viniste solo y solo te irás; disfruta tu estadía y todo lo que contiene.

    No confundas emociones ni sentimientos (que son otra forma de emoción) con apego. Mira, maneja las cosas que te rodean pero no te apegues a ellas, que tan pronto pasan a formar parte de ti tu pierdes tu libertad. Nada debe distraerte de tu camino porque entonces dejarás de disfrutar de su belleza. Enfoca tu vida como si fueras en un vagón de ferrocarril mirando el paisaje por la ventana; tú miras un paisaje que es tuyo y debes disfrutar, y debes estar consciente de que es distinto al que ven los demás que te acompañan, incluso distinto al que ve el maquinista. Acalla las emociones porque nublan el vidrio de tu ventana y te impiden mirar el paisaje.

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