El viento no puede agitar una montaña.
Ni el elogio ni la culpa mueven al hombre sabio.

El elogio y la culpa de ninguna manera son distintos para el sabio; so exactamente iguales.  Si una persona ignorante, una persona que no ha despertado, te alaba o te culpa, ¿qué diferencia hay? Las dos cosas vienen de su sueño.  Es como si alguien en sueños grita culpándote o alabándote, ¿vas a tenérselo en cuenta? ¿Vas a hacer alguna diferencia?  Una persona en su sueño puede condenarte o puede elogiarte -tú sabes que está soñando, que está dormido-, ¡no tiene importancia! No hay ninguna diferencia.  Todo lo que dice son tonterías. Cuando despierte se reirá de sí mismo, le parecerá muy ridículo.

Por lo tanto puedes alabar a Buda o puedes condenarlo -millones lo condenarán, muy pocos lo alabarán-, pero él no hace diferencias.  Permanece como una montaña firme, una montaña inamovible.

 

One thought on “[8] NI ELOGIOS NI CULPAS

  1. Ser sabio no consiste en tener conocimientos. Ser sabio significa realizar algo con tu consciencia; primero por dentro y después por fuera sentir el latido de la vida dentro de ti y después por fuera. Para experimentar esta misteriosa consciencia que eres, primero tienes que experimentarla en la más profunda esencia de tu ser, porque esa es la puerta más cercana a la consciencia universal.

    Una vez la has conocido en tu interior, no es difícil conocerla en el exterior. Pero recuerda: el hombre sabio nunca acumula conocimiento; su sabiduría es espontánea. El conocimiento siempre pertenece al pasado, la sabiduría al presente.

    Recuerda esta distinciones. Excepto que comprendas con mucha claridad la diferencia entre conocimiento y sabiduría, no podrás entender estos sutras de Gautama el Buda. Y son de tremenda importancia.

    El conocimiento satisface al ego; la sabiduría destruye al ego por completo. Por eso la gente busca el conocimiento. Es muy raro encontrar un buscador que esté comprometido con la sabiduría y no esté interesado en el conocimiento. Conocimiento significa tener teorías sobre la verdad; sabiduría es la verdad en sí. El conocimiento lo adquieres de segunda mano; la sabiduría es de primera mano. Conocimiento significa creencia: otros lo expresan y tú lo crees. ¡Pero todas las creencias son falsas! Ninguna creencia es verdad nunca. Incluso si crees en la palabra de un Buda, en el momento en que lo crees se vuelve una mentira.

    La verdad no se puede creer; o bien sabes o no sabes. Si sabes, no hay lugar para creer; si no sabes, tampoco es un asunto de creencias. Si sabes, sabes; si no sabes, no sabes.

    La creencias es una proyección de la mente tramposa; te da la sensación de saber, sin saber. Los hindúes, los musulmanes, los cristianos, los judíos, los jaina, los budistas: todos ellos creen. La creencia es barata, muy fácil; nada está en juego. Fácilmente puedes creer en Dios, en la inmortalidad del alma, en la teoría de la reencarnación. De hecho, esto se mantiene solo a un nivel superficial; en lo más profundo no te afectan en absoluto. Cuando la muerte llame a tu puerta sabrás que todas tus creencias han desaparecido. La creencia en la inmortalidad del alma no te servirá de ayuda cuando la muerte llame a tu puerta; llorarás y gemirás y te aferrarás a la vida. Cuando la muerte llegue, te olvidarás de todo lo referente a Dios; cuando la muerte llegue, no podrás recordar la teoría, y las complicadas implicaciones de la teoría de la reencarnación. Cuando la muerte llama, derriba por completo toda la estructura de conocimiento que has edificado a tu alrededor. Te deja absolutamente vacío …, y con la consciencia de que toda la vida ha sido un desperdicio.

    La sabiduría es un fenómeno totalmente distinto. Es experiencia, no creencia. Es una experiencia existencial, no es una referencia. No crees en Dios; conoces a Dios. No crees en la inmortalidad del alma, la has saboreado. No crees en la reencarnación; la recuerdas. Recuerdas que has estado aquí muchas vidas, y si ha sido así en el pasado, va a seguir siéndolo en el futuro. Recuerdas que has estado en muchos cuerpos; has sido una roca, has sido un árbol, has sido animales, pájaros, has sido un hombre, una mujer …, has vivido en muchas formas. Ves cómo las formas van cambiando, pero la consciencia interior continúa siendo igual, por lo que puedes apreciar que solo los superficial cambia; lo esencial es eterno.

    Esto es ver, no creer. Y todos los maestros auténticos están interesados en ayudarte a ver, no a hacerte creer. Para creer te conviertes en cristiano, hindú, musulmán. La creencia es la profesión de los sacerdotes.

    La sabiduría nace dentro de ti, no es una escritura. Comienzas a leer tu propia consciencia, y allí están ocultas todas las Biblias, todos los Gitas y todos los Dhammapadas.

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